La reina de los sueños

Cuenta la leyenda, que por las noches, una reina mágica visita todas las camas de niños, niñas, papás y mamás. Cada noche, da un toque con su varita mágica en sus cabezas y gracias a ese toque mágico aparecen los sueños. La reina de los sueños se pasa todo el tiempo viajando de un sitio a otro siguiendo la noche en la tierra. Jamás se olvida de nadie, siempre cumple con su cometido y los miles de millones de habitantes de la tierra disfrutan de sus sueños gracias a su magia.

Una noche, la reina de los sueños, mientras volaba de una casa a otra, le dió un mareo y se estrelló contra el suelo. Un papá llamado Óscar vió como caía y salió corriendo en su búsqueda. Cuando la encontró, estaba totalmente magullada e inconsciente. Vió que caida en el suelo había una varita, así que cogió a la varita y a la reina y las llevó a su casa para cuidar de ella sin saber quien era realmente, aunque sabiendo que era un ser mágico por haberla visto caer del cielo. Óscar tenía tres niñas que en ese momento estaban durmiendo, esa noche sin sueños, ya que la reina de los sueños todavía no había podido visitar su casa. Óscar intentó despertar a la reina de los sueños, pero no lo consiguió. Pensó en llevarla a un hospital, pero se dió cuenta de que al ser una reina mágica, en el hospital la encerrarían para estudiarla. Así que se quedó cuidándola y velando por ella toda la noche sin dormir.

A la mañana siguiente, cuando se levantaron las tres hijas, estaban apagadas, tristes, extrañas y quizá algo grises. Óscar no sabía qué les ocurría, las llevó al colegio y tuvo una sensación extraña con la gente que se cruzaba, todo el mundo estaba igual que sus hijas. No alcanzaba a comprenderlo, pero él no se sentía igual, simplemente estaba cansado por no haber podido dormir. Mientras, la reina de los sueños seguía en la casa, inconsciente y ajena a todo los acontecimientos raros que ocurrían en el mundo.

Esa noche, Óscar volvió a pasar la noche en vela cuidando de la reina de los sueños e intentó con todos sus medios que se despertase. Sus esfuerzos fueron inútiles, no consiguió darle agua de beber, miel dulce para darle energía ni canela para hacerla estornudar. La reina seguía totalmente inconsciente.

A la mañana siguiente la situación no sólo se repitió sino que empeoró, sus tres hijas estaban aún más tristes, la piel y las ropas se les estaban volviendo aún más grisáceas. Incluso el presentador del telediario de la mañana tenía el mismo aspecto. Óscar no sabía el motivo de por qué todo el mundo se estaba volviendo gris mientras él sólo tenía ojeras de no haber dormido. Volvió a repetir la rutina diaria de llevar a sus hijas al colegio e irse a trabajar, allí se dió cuenta de que todos sus compañeros estaban iguales, tristes y grises. Se le ocurrió que contando algún chiste alegraría a los compañeros, incluso hizo sus gracias habituales que normalmente le reían más por pena que por gracia, pero nada funcionó.

Esa noche, preocupado, se acordó de la varita mágica que había encontrado al lado de la reina. La cogió, la observó y encontró un grabado: “Property of Reina de los sueños”. Esa mezcla de español e inglés le sorprendió, pero enseguida… ¡Comprendió que a quien había estado cuidando era a la reina de los sueños! Mientras tenía la varita en la mano, sintió una descarga de electricidad y un impulso de salir a la calle y golpearse con la varita en la cabeza. ¡Era la varita que le estaba guiando! Salió a la calle, se golpeó tres veces con la varita en la cabeza y salió disparado hacia el cielo, desde arriba fue visitando una por una todas las casas de la tierra y con la varita tocando a todo el mundo para darles los sueños que habían perdido. Avanzaba en dirección de la noche, para poder dar la vuelta al mundo y recorrer todas las camas de la tierra. Cuando dió la vuelta al mundo volvió a su casa y allí hizo lo mismo con sus tres hijas y con la propia reina de los sueños.

A la mañana siguiente, sus hijas, la gente de la calle, el presentador de la televisión, los compañeros de trabajo y en general todo el mundo, había recuperado su humor y color habitual. La reina de los sueños, gracias a que esa noche había podido soñar igual que el resto de los mortales se recuperó, cogió su varita y salió disparada hacia la noche para seguir con su cometido de repartir sueños.

Desde ese día, la reina de los sueños, siempre se da un toque de varita en la cabeza todas las noches para soñar ella también, ya nunca jamás se ha vuelto a desmayar. Porque como todos sabemos, hasta las reinas de los sueños necesitan sueños para subsistir.

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